No le dio opción

Cucurella se come a Lamine

El lateral ganó uno de los grandes duelos del Clásico con intensidad, concentración y las ayudas de Tchouaméni para cerrar los caminos del extremo

Lamine había bromeado con que se lo iba a "comer vivo", pero el madridista terminó imponiéndose y participó en el primer gol de Mbappé

Mbappé asalta el Camp Nou

Cucurella Lamine
Cucurella y Lamine Yamal.

Cucurella tenía una de las tareas más difíciles del Clásico y salió del Camp Nou con el trabajo hecho. Mourinho le puso delante de Lamine Yamal, le dio instrucciones para reducir su influencia y preparó las ayudas necesarias para sostener el duelo. El lateral respondió con concentración, intensidad y personalidad. Compitió en cada recepción del extremo y también encontró el momento para aparecer en ataque. El primer gol de Mbappé pasó por sus botas.

El emparejamiento tenía una historia previa. Durante una concentración de la selección española, Lamine había bromeado en una entrevista en Cope sobre lo que sucedería cuando le tocara enfrentarse a su compañero después de su fichaje por el Madrid. «Me lo voy a comer vivo», aseguró entre risas. Era una frase nacida de la confianza entre ambos, pero añadió un aliciente a una batalla que iba a tener mucho peso en el partido.

Cucurella tenía que responder sobre el césped. Conocía las condiciones del extremo, su capacidad para cambiar de dirección y el peligro que genera cuando consigue recibir de frente. El reto consistía en impedir que pudiera instalarse en ese escenario. Y ahí empezó a ganar su partido.

Llegar antes de que pudiera girarse

El lateral encimó a Lamine en cuanto le llegaba la pelota. Intentó quitarle ese primer segundo que permite al atacante controlar, levantar la cabeza y elegir por dónde salir. Le obligó a proteger el balón, a recibir de espaldas o a buscar un apoyo para volver a empezar.

La apuesta exigía un esfuerzo constante. Acercarse demasiado tarde permitía al extremo armar la jugada; hacerlo sin medir podía dejar espacio a su espalda. Cucurella tuvo que ajustar las distancias en cada acción y mantener la atención incluso cuando el balón circulaba lejos de su banda.

También hubo faltas y momentos en los que jugó al límite. Su intensidad formaba parte de la dificultad del duelo, pero necesitaba conservar el control para seguir siendo eficaz. El Real Madrid no podía permitirse que su lateral quedara condicionado hasta el punto de dejar de competir las recepciones.

Los números de Lamine reflejaron sus dificultades para imponerse al sistema de ayudas del Real Madrid. El extremo terminó con cero regates completados en cuatro intentos, perdió 14 balones y no encontró destinatario en ninguno de sus tres centros. Cucurella ganó seis de los nueve duelos directos entre ambos y cometió cuatro faltas durante la primera mitad, una muestra de la intensidad con la que defendió cada recepción. El lateral puso la presión y Tchouaméni cerró el camino hacia dentro para reducir el margen de maniobra del azulgrana.

Tchouaméni sostuvo la vigilancia

Mourinho preparó un trabajo colectivo alrededor de Cucurella. Tchouaméni vigiló la diagonal interior, la salida que permite a Lamine acomodarse la pelota en la izquierda y acercarse a la zona de remate o último pase. La cobertura defensiva atendió, además, al espacio que podía aparecer detrás del lateral.

Ese respaldo fue fundamental. Cucurella podía acercarse con decisión porque sabía que tenía un compañero preparado para intervenir si el extremo superaba la primera oposición. El Madrid buscó que cada avance encontrara una nueva dificultad y que Lamine tuviera que alejarse de las zonas donde suele decidir.

El Barcelona consiguió llevar peligro y el encuentro obligó a los blancos a trabajar hasta el final. Pero el duelo dejó una actuación de enorme valor del lateral, capaz de sostener una misión exigente sin desconectarse del resto del partido.

También apareció para hacer daño

La intervención de Cucurella en el 0-1 explicó que su concentración defensiva no le había quitado claridad para atacar. Recibió el cambio de orientación de Bernardo y tocó de primeras para lanzar a Diomandé. No retuvo la pelota ni permitió que el Barcelona recuperara sus posiciones.

El costamarfileño ganó la línea de fondo y puso el centro que Mbappé aprovechó después del despeje defectuoso de Gerard Martín. Cucurella había ayudado a transformar una salida desde campo propio en una ocasión de gol.

Mourinho reconoció después su actuación y destacó la dificultad de enfrentarse a Lamine, al que definió como un futbolista «muy bueno, muy difícil» y «listo». El elogio al rival daba todavía más valor al trabajo de su defensa. Cucurella había llegado al Clásico con una responsabilidad enorme. Se marchó con la victoria, una participación importante en el primer gol y el duelo ganado a su compañero de selección.

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